Leer y escribir: garantía de vida cultural, social y humana.

22.07.2011 13:27

 

La lectura y la escritura constituyen herramientas básicas del quehacer escolar a través de las cuales se articulan otras habilidades intelectuales de singular importancia para el aprendizaje, para la apertura al conocimiento, para una sólida cultura, en definitiva, para adquirir una buena formación. Ambas constituyen una herramienta fundamental de comunicación en las que intervienen los procesos mentales que permiten al individuo aprender durante toda la vida y para la vida. Más allá de la escuela.         

       Con sobrada razón el escritor Carlos Pujol, expresa: “Quizás leer y escribir sea lo único que valga la pena aprender, lo único que haya que enseñar de veras a todo el mundo para la honrosa supervivencia”.

       En tal sentido estos dos aspectos representan garantía de vida cultural, social y humana. Además son el pasaporte de entrada a la vertiginosa sociedad de la información y el conocimiento. Permiten recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar de la ciencia y la cultura el sentido de lo fundamental permitiendo el entendimiento de si mismo y del mundo circundante.

       La lectura y la escritura abren horizontes, enfrentan al sujeto consigo mismo ayudándole a romper las barreras de sus limitaciones, rescatan pensamientos presentidos e inquietudes latentes, permiten al sujeto seguir el curso de un pensamiento ajeno, creando un juicio paralelo sin prejuicios, con el que reestructura su forma de ver la realidad; obligándose a ir más allá, a pensar por cuenta propia, a extraer nuevas conclusiones.

No en vano, Don Quijote dijo a esta sazón                                       

que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

En palabras de Bartolo García Molina “el que no lee se aburre, se aburra, se abruta”. Una persona muy bruta se parece a un loco. Si la persona no lee su cerebro se seca de no usarlo, su cerebro no reproduce las células del pensamiento.

Todavía el texto escrito es el medio fundamental para la preservación y transmisión del conocimiento de una generación a otra. Por tanto la lectura y la escritura son a la vez causa y consecuencia del conocimiento. El que no lee no puede estudiar por cuenta propia, lo cual afecta en gran manera la supervivencia. Según plantea Condemarín en Taller de Lenguaje; se hace cuesta arriba pensar que un alumno que no domine las habilidades de lectura y escritura, logre un desarrollo cognoscitivo interdisciplinario adecuado.

Quevedo explicaba de esta forma su relación con la lectura: “Vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos” significando con ello el papel de la cultura escrita como preservadora del conocimiento y como un factor clave de comunicación con diferentes épocas.

 

¿Cuál es la concepción de leer y escribir por asumir?

Según Delia Lerner, es necesario redefinir el sentido de la función de leer y escribir, reconceptualizar el objeto de enseñanza, construirlo tomando como referencia fundamental las prácticas sociales de lectura y escritura, hacer de la escuela una comunidad de lectores que acuden a los textos buscando respuesta para los problemas que necesitan resolver, tratando de encontrar información para comprender mejor algún aspecto del mundo que es objeto de sus preocupaciones, buscando argumentos para defender una posición con la que están comprometidos o para rebatir otra que consideran peligrosa o injusta, deseando conocer otros modos de vida, identificarse con otros autores y personajes o diferenciarse de ellos, correr otras aventuras, enterarse de otras historias, descubrir otras formas de utilizar el lenguaje para crear nuevos sentidos, hacer de la escuela una comunidad de escritores que producen sus propios textos para dar a conocer sus ideas, para informar sobre hechos que los destinatarios necesitan o deben conocer, para incitar a sus lectores a emprender acciones que consideran valiosas, para convencerlos de la validez de los puntos de vista o las propuestas que intentan promover, para protestar o reclamar, para compartir con los demás una bella frase o un buen escrito, para intrigar o hacer reír, 

Hacer de leer y escribir instrumentos poderosos que permiten repensar el mundo y reorganizar el propio pensamiento, preservar el sentido del objeto de enseñanza para el sujeto del aprendizaje, preservar en la escuela el sentido que la lectura y la escritura tienen como prácticas sociales para lograr que los alumnos se apropien de ellas y puedan incorporarse a la comunidad de lectores y escritores, para que lleguen a ser ciudadanos de la cultura escrita.

Desde esta perspectiva es indispensable que la escuela asuma, practique y concretice ya, de una vez por todas una concepción de lectura y escritura diferente, en función de que sus resultados se acerquen a los perfiles de un sujeto escritor- lector-hiperlector que pueda disfrutar los beneficios que ofrecen la lectura y la escritura en el mundo actual y futuro. 

¿Cuál es la concepción de leer y escribir por asumir en la escuela?

Uno de los compromisos más serios que tiene la escuela es el de enseñar a leer y a escribir desde los primeros grados. Es por ello quizás, que la asignatura de Lengua Española es la reina en los salones de clases con un tiempo asignado superior a todas las demás áreas. Se considera prioritaria, porque a través de ella se empodera a los sujetos de los recursos indispensables para el desenvolvimiento personal y social. Además sus contenidos y las habilidades que implican, propician entre los niños un aprendizaje continuo y autónomo, los cuales sin duda alguna se generan a partir de la lectura y la escritura.

       Los organismos de investigación educativa asumen la evaluación de la lectura como un síntoma de la calidad de la educación. Todas las investigaciones y estudios realizados para constatar la calidad educativa, parten de la capacidad lectora de los sujetos tomados como muestra, en muchos otros casos la lectura es el objeto de investigación.

       Por los resultados de dichos estudios el tema de la lectoescritura ha entrado a la discusión mundial hasta convertirse en un derecho a la educación de calidad entendiendo con ello que la satisfacción de las necesidades básicas de aprendizaje parten del saber leer y escribir, a partir de lo cual sobrevienen las habilidades y competencias necesarias para participar en la construcción de una vida individual y colectiva democrática, autónoma, tolerante, de respeto al otro, equitativa, de convivencia entre los seres humanos, de mejor calidad de vida, pero sobretodo de más calidad educativa. A través de la lectura y la escritura se miden y se proyectan todas las capacidades de un estudiante.

      Pues, se puede decir que los conocimientos son a la vez condición y consecuencia de leer y escribir.

     

En tal sentido el currículo de Lengua Española enarbola un enfoque funcional y comunicativo que con su aplicación aportaría un porcentaje significativo de habilidades para alcanzar estos fines, sin embargo a más de una década de su aplicación oficial no arroja los resultados esperados, aunque existe una intención institucional favorable para su consecución a través de la lectura y la escritura, parece que las intenciones se desvanecieran por el camino. Pues se carece de una clara articulación interdisciplinaria y se intuye desarticulación vertical en el área misma de la lengua. De manera puntual, no se percibe un trabajo explícito y secuenciado en el desarrollo de competencias lectoras y escriturales.

Los docentes piensan que utilizan una metodología activa que invita al alumno a participar, construir, pero en la práctica y como resultado de investigaciones, el énfasis está puesto en lo magistral y en esquemas del acto comunicativo correspondiente a otros tiempos, muy desarticulado de la realidad, inexistente y carente de sentido en la vida de los que aprenden. En esas condiciones la apropiación de las funciones sociales de la escritura sería más que imposible ya que difícilmente pueda apropiarse algo que no tiene existencia en las prácticas y contextos cotidianos.

 

Según Lerner, la escuela se enfrenta a una paradoja, es decir, asume la responsabilidad de enseñar a leer y a escribir, pero al transformar el objeto de enseñanza cambia el sentido de las prácticas sociales que éstas tienen y se convierten en una actividad muy diferente a lo que realmente es fuera de la escuela, cultivando con ello, una especie de disociación con la realidad, es decir, lo que el estudiante aprende en la escuela no tiene que ver con lo que hace cotidianamente en su vida.

 La necesidad institucional de controlar el aprendizaje lleva a poner en primer plano sólo los aspectos más accesibles a la evaluación.- La manera en que se distribuyen los roles entre el maestro y los alumnos determina cuáles son los conocimientos y estrategias que los niños tienen o tienen oportunidad de ejercer y, por lo tanto, cuáles podrán aprender. Se lee sólo en el marco de situaciones que permitan al maestro acceder a la evaluación sin articular los propósitos didácticos con otros propósitos que se correspondan con los que habitualmente orientan la lectura y la escritura fuera de la escuela.

En consecuencia tenemos (en todos los niveles educativos) alumnos incapaces de elaborar o llenar un documento de tramites burocrático: solicitar un trabajo, hacer una carta, pedir un permiso; alumnos que no pueden acceder a un lugar determinado por no poder interpretar una dirección, leer un mapa, alumnos que manifiestan un alto nivel de miedo escénico y temor a ser escuchados leyendo o expresándose; alumnos que manifiestan nerviosismo y lentitud al involucrarse con la función social de leer y escribir; alumnos que no pueden acceder al dominio de los contenidos de las áreas del grado que cursan, debido, entre otras razones, a una baja comprensión conceptual, dificultades al momento de leer ciertas palabras, silabeo, desmotivación, dificultades con los grupos consonánticos, desconocimiento parcial del sistema gráfico; confusiones de una grafía con otra, entre otras.
A partir de estas premisas comienza el cuestionamiento de la sociedad, la cual manifiesta insatisfacción por la forma como la escuela está enseñando a leer y escribir.

En todo caso lo más preocupante es que la escuela no da más respuesta que aquélla en la que culpabiliza al o los maestros de los niveles o grados inferiores, muy pocos piensan en cual es el concepto de leer y escribir que están aplicando, con cuales estrategias y enfoques, a partir de lo cual podrían encontrar algunas respuestas. 

 

La escuela dispone hoy de unos desarrollos teóricos significativos en las ciencias cognitivas y del lenguaje, que de manera institucional han sido dados a conocer en todo el ámbito educativo nacional, por uno u otro medio. Estas teorías cambian radicalmente la concepción de leer y escribir asumida por años en los centros educativos.

      El contar con la teoría representa un avance importante, sin embargo hay que destacar que lo importante de la teoría es su práctica, pues no hay nada más práctico que una teoría, ya que para diseñar la acción se deberá partir de un cierto conocimiento teórico de la misma..

      Los aportes de Emilia Ferreiro, Ana Teberosky, Ana María Kaufmann, Delia Lerner y otros explican los procesos y las maneras mediante las cuales los niños aprenden a leer y escribir tomando como punto de partida la construcción del conocimiento a partir del sujeto cognoscente y del objeto a conocer.

Sus investigaciones dejan claro que lo que lleva al niño a la reconstrucción del código lingüístico no es una serie de tareas, ejercicios repetitivos o el conocimiento de las letras una por una y de las sílabas, sino que es una comprensión de las reglas que componen la lengua como un sistema estable que representa un significado.

       Las corrientes pedagógicas han aportado las teorías contructivistas, lo cual significa uno de los hechos más relevantes y productivos en la forma de enseñar de los últimos años, plantea que el conocimiento no es el resultado de una mera copia de la realidad preexistente sino de un proceso dinámico e interactivo a través del cual la información externa es interpretada y reinterpretada por la mente que va construyendo modelos explicativos cada vez más complejos y potentes. Sus aportes más significativos son el uso de las experiencias previas, del contexto y sobre todo el uso funcional que los alumnos hacen de lo aprendido, ya sea para construir nuevos aprendizajes, o para explorar, descubrir y solucionar problemas.

      De este modelo constructivista nace entonces el enfoque textual, funcional y comunicativo.

 

Este enfoque posibilita usar la lengua en situaciones reales de comunicación, enseñar para el uso, aprovechar las múltiples posibilidades que ofrece la lengua para la interpretación, comprensión y producción de textos, así como el reconocimiento por parte del/la niño/niña de las funciones de la lengua escrita en la sociedad, orientarse al dominio expresivo y comprensivo de los diversos géneros de la escritura, adecuarse a las diversas situaciones de comunicación en las que tiene lugar el intercambio de significados entre las personas, leer y a escribir textos diversos en distintos contextos, con variadas intenciones y diferentes destinatarios y desarrollar la competencia comunicativa que le permita a los niños y niñas participar como sujetos sociales. Representa una de las mejores opciones para garantizar un aprendizaje significativo de la lectura y la escritura. Pues permite integrar diversos tipos de conocimientos, vincular la escuela con el mundo de la vida y, lo más importante, es que genera situaciones reales de comunicación, donde leer y escribir aparecen claramente como una necesidad y no como una imposición.

Pero lo necesario, no es solo conocer los enunciados, es más necesario aplicarlos. Pues no se enseña a leer y a escribir explicando teorías, si no desarrollándola, concretizándola con enfoques y modelos apropiados. El gusto por la lectura no es innato en el niño, se desarrolla bajo ciertas condiciones favorables. De hecho, es sabido que la escritura no es natural como lo plantean Calsamiglia y Tusón en su texto “Las Cosas del Decir” , y mucho menos la capacidad de desentrañar sus significados y sentidos. Tampoco se adquiere en un instante, es alimentado en forma articulada y permanente con lecturas interesantes a los niños y con intervenciones de los adultos, que le permitan valorar la lectura en la escuela y fuera de ella.
El gusto por leer tampoco se enseña, se origina y fundamenta en la práctica cotidiana, en un conjunto de actividades y estrategias que permitan, por una parte lograr la motivación y por otra conocer los elementos, circunstancias y estrategias que el docente debe manejar para crear las condiciones propicias del aprendizaje y de la formación del lectoescritor.

La brecha que existe entre lo que debe hacer la escuela y lo que realmente hace con relación a la lectura y escritura, pese a los múltiples esfuerzos de las ciencias cognitivas y lingüísticas, así como el esfuerzo institucional para dotar a las escuelas de prácticas basadas es procedimientos psicopedagógicos probados, no se cierra solo con teorías, cumplimiento y extensión de horarios, es más importante aún, significativar las practicas que en ese tiempo se habrán de desarrollar, pues aprovechar el tiempo para dar más de lo mismo significaría incrementar el daño. Sería lo mismo decir que en la sociedad del conocimiento la escuela está formando iletrados. Sería entonces algo así como tenerlo todo y no tener nada.

        Para cambiar la cara de la moneda:

        Bastaría con erradicar de una vez por todo el concepto de lectura y escritura tradicionalmente asumido, pues a  juicio de Alejandra Medina, los conceptos de leer y escribir que se manejan podrían estar en la base de los resultados deficientes de los alumnos, reflejados en las prácticas de la educación preescolar y de los primeros grados del nivel básico. 

       Bastaría con asumir la propuesta de Delia Lerner; privilegiar el acercamiento a la lectoescritura, lo más parecido a lo que se hace en la vida cotidiana.

      Bastaría con entender y asumir que es en los primeros grados donde se deben potenciar los esfuerzos, aprovechando al máximo la formula de los modelos constructivitas con el enfoque textual-funcional-comunicativo. Para ello es necesario ayudar a los docentes a empoderarse de todo cuanto encierra este enfoque: sus teorías, los contenidos, métodos, estrategias y técnicas a la vez que se le ayude a formar una conciencia pedagógica que le permita desarrollar una vocación más decidida y un cumplimiento del deber mucho más austero.   Hay que convencerse y convencer de que esa será la mejor alternativa para hacer de la lectura y la escritura mecanismos de acceso a una amplia cultura que le permita al sujeto pensar y actuar en el contexto de las sociedades del conocimiento, en el ejercicio de la ciudadanía plena como individuos autónomos, demócratas, éticos y abiertos a los retos del desarrollo social presente y futuro.

 

 

Ana Ylda Moreta

yldamoreta@hotmail.com.

8/4/2009

 

 

 

 

 

Referencias

 

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Ferreiro, E. (2002). Pasado y presente de los verbos leer y escribir. México: Fondo de    cultura económica.

 

Ferreiro Emilia. Leer y escribir en un mundo cambiante. Conferencia expuesta en las Sesiones Plenarias del 26 Congreso de la Unión Internacional de Editores. CINVESTAV-México

 

García Molina, Bartolo. Conferencia sobre lectura dictada el 10 de diciembre 2008. San Juan de la Maguana.

 

Lerner D (1997). Lectura y Escritura. Aportes de investigación y quehacer en el aula. Bogotá

 

Lerner Delia. (2001), Leer y escribir en la escuela: lo real, lo posible y lo necesario. México, FCE, Col. Espacios para la Lectura.

 

MEDINA, Alejandra. Enseñar a Leer y a Escribir: ¿En qué Conceptos Fundamentar las Prácticas Docentes?. Psykhe. [online]. nov. 2006, vol.15, no.2 [citado 31 Diciembre 2008], p.45-55. Disponible en <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22282006000200005&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0718-2228.

 

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